Último chance

Cae la noche y la temperatura desciende considerablemente. El fuego dentro de las casas protege a sus moradores del frío; de todas las chimeneas del pueblo salía humo… de todas, menos una.

En el interior de esa casa, a oscuras, la respiración de su habitante es irregular, el frío le ha congelado hasta los huesos, y no logra encender la chimenea para calentar su cuerpo. Sus manos se mueven entre las sombras, en ellas una caja de fósforos. Intenta encender uno. Varias chispas revolotean alumbrando escasamente, pero la llama no es fuerte y se apaga. Salir a buscar otro refugio es correr una suerte peor que la de morir congelado aquí.

Abre nuevamente la caja, le quedaba un último intento. El frío ha humedecido la lija. Toma entre sus dedos el último de los fósforos, sabe que solo le queda esa oportunidad. Sus manos tiemblan, tal vez más por el temor que por el frío mismo. Coloca todo en posición, la respiración se contiene, aguarda un segundo y frota la cerilla sobre la lija…

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