El gato que quería ir a la luna

Cada noche el gato se sentaba en la mesa que está debajo de la ventana a observar la luna. Le gustaba tanto mirarla que pasaba las horas con sus ojos bien grandes, mirando como esta se movía lentamente por el cielo. Tal vez no era tan grande su amor por la luna sino más bien por las cosas que imaginaba que sucedían allá arriba.

Gato azul

Erika, una niña de 6 años hizo este dibujo, el cual dio origen a esta historia.

¿Quién no ha llegado a pensar que la luna es un queso gigante que flota en el infinito cielo? Así lo creía este minino y se le hacia agua la boca el pensar como miles de ratoncillos comían poco a poco hasta no dejar nada y esta por ser mágica pues volvía a crecer y así sucesivamente. En ocasiones soñaba que era astronauta y en un enorme cohete llegaba hasta allá arriba y se daba el gran atracón.

En ocasiones le preguntaba a cuanto gato que pasaba, si conocía a Jirafo, el gato que se hizo discípulo del señor Búho y tras muchas aventuras aprendió a volar. Pero su búsqueda era en vano, nadie lo conocía; tal vez porque se había mudado a la luna, o quizás era ya muy viejo.

Y así cada pasa noche, mientras el minino azul sentado, con los ojos hacia el negro y estrellado cielo, espera correr con la misma suerte que  el gato que llegó a la luna.

No es la primera vez, ni será la última, que un gato se sienta atraído por la luna… incluso yo, que no soy felino siento algo por ella.

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